domingo, 16 de junio de 2013

El portador de estrellas

Sexta parte:
"En la época en la que mi padre andaba por este mundo los dioses tenían mucho más contacto con sus creaciones de las que tienen ahora. Claro que ahora casi ninguna civilización cree en ellos, en los auténticos dioses me refiero..." Orión se encontraba sentado en un sillón con la mirada perdida en el universo, físicamente estaba con Lizzie, pero su mente se hallaba en una época hacía mucho concluida. "Mi pueblo se encontraba bajo un volcán, era una tierra muy próspera y los ciudadanos eran bendecidos con buenas cosechas. Se decía que estábamos protegidos por la buena mano de Eugeona, la diosa de la naturaleza y la vida. Un día Eugeona bajo a visitar a su amado pueblo, y fue respetada y amada por todos los habitantes. Trena, la diosa de los volcanes y el fuego se sintió celosa por tanta atención, al fin y al cabo la tierra era tan fértil debido a su suelo volcánico, por lo como venganza, decidió arrasar mi pueblo" Orión trago saliva, Lizzie pensó pedirle que siguiera, pero justo cuando separó los labios, él continuó.
"La erupción fue terrible, en pocos segundos las casas más cercanas al cono estuvieron destruidas...Eugeona intentó detenerla, pero eso sólo aumentó la furia de Trena, que paró de atacar a mi gente y centró su poder destructivo en nuestra diosa. Los ciudadanos no sabían que hacer, veían como las diosas empleaban todo su poder y que cada golpe fallido caía a la tierra, causando una catástrofe. Pronto Trena comprendió que en igualdad de condiciones nunca ganaría, así que atrapó a un niño y amenazó a Eugeona con matarlo. Ella era la diosa de la vida, no tenía elección, se rindió y recibió un terrible ataque de poder de la diosa de fuego. Calló al suelo y cuando Trena se disponía a acabar con ella, un muchacho se interpuso entre ellas...mi...mi padre" dijo con una media sonrisa
"Fue muy valiente" dijo Lizzie, impresionada por la historia. De pronto Orión pareció recordar que se encontraba en la habitación de invitados de los Rencs.
"Fue muy estúpido" le dijo "Trena se rió de él, le dijo que para ella su vida no era nada, que si no se apartaba no dudaría en matarlo...él le dijo que si abandonaba a la diosa que tanto les había dado jamás podría vivir en paz consigo mismo"

"Pero, ¿no veis que yo os he dado el suelo fértil donde crece vuestro alimento?" dijo Trena
"Por supuesto...pero sin vida, no tendríamos alimento...ni siquiera existiríamos nosotros. Si matas a Eugeona no sólo acabarás con la prosperidad de este pueblo, acabarás con el mundo"
Y aunque Trena no era la diosa de la vida, sí la apreciaba. Siempre se había encargado que el suelo de esa región, al igual que muchas otras, tuviera los nutrientes necesarios...al fin y al cabo se había sentido celosa porque esa gente no había reconocido su amor.
"Mi diosa Trena...por supuesto que te amamos, pero nunca hemos podido acercarnos a la grandeza de tu obra para venerarte, el volcán es demasiado activo para nosotros, moriríamos en el intento"
Y Trena supo, mirando a los ojos de ese pequeño humano, que no le mentía. La amaba, al igual que a Eugeona, y su reacción había sido desmesurada.
"No puedo creerlo...por primera vez a sido un humano quien ha abierto los ojos a un dios" fue lo único que pudo decir "ahora...ahora me siento inútil...he destruido tanto...y ni siquiera soy capaz de repararlo"
"Puede que tú no" dijo Eugeona levantándose del suelo "y yo tardaría demasiado, pero juntas podremos devolver el esplendor a esta tierra...aunque jamás podremos reparar las vidas perdidas"

"Y así lo hicieron" dijo Orión "trabajaron juntas hasta que el Sol no fue más que una fina línea. Entonces, se acercaron a mi padre, y le dejaron una gota de su poder, que sólo podría ser utilizar una vez. Le advirtieron que era demasiado potente como para usarse a la ligera, pero que sabían que él era un hombre inteligente y que sabría aprovechar ese don. Y Eugeona volvió a los árboles, y Trena volvió a la lava...y todo quedo en silencio" Orión cruzó la habitación y se sentó en la cama junto a Lizzie mirándola profundamente a los ojos.
"Muchos fueron los que durante años le preguntaron a mi padre en qué usaría su poder. Al principio pensó en reservarlo para épocas de sequías o hambruna, pero nunca se produjeron. Debido a su inteligencia y a su bendición le nombraron jefe y contrajo matrimonio con una mujer de la tribu...lo intentaron durante años, pero no pudieron tener hijos, así que mi padre pensó que el regalo de las diosas había sido un presente para él, ya que gracias a la colaboración de éstas a la aldea no le faltaba de nada. Colocó la gota en la copa de su amada y dijo que su hijo sería el más poderoso del mundo...y nueve meses después yo nací, y esa noche por primera vez las nubes que cubrían el mundo se despejaron, dejando ver las estrellas por primera vez."
"No..." dijo Lizzie, pero la voz no le llegó a salir.
"Sí, el egoísmo de mi padre hizo que su deseo fuera concedido...pero de una forma que mi padre desconocía. Desde luego, no controlé las estrellas desde esa noche. Las diosas hablaron con mis padres, a partir de mi décimo séptimo cumpleaños el tiempo se congelaría para mí, y estaría condenado a viajar por el mundo cuidando de que las estrellas no se precipiten contra La Tierra"
"No es justo" dijo Lizzie "Te condenaron antes de nacer...no deberían haberte hecho eso, las diosas deberían haber..."
"Las diosas hicieron lo que mi padre les pidió, le dieron un hijo poderoso. La vida no es justa Liz, si lo fuera yo habría muerto hace eones y nunca habría contemplado tu belleza y eso es algo que bien vale millones de noches de guardia" dijo él, levantándose y abriendo las puertas del balcón.
"¿Orión?"
"¿Sí, Liz?"
"¿Te marchas?"
"Sí, creo que esta noche has tenido suficientede mí por hoy"
"¿Orión?"
"Sí, Liz?" dijo el algo más impaciente.
"Bésame"

sábado, 15 de junio de 2013

El portador de estrellas

Quinta parte:
El tiempo pareció congelarse, Lizzie podía sentir el pulso en sus oídos. "No, no, no"  fue lo único que pudo pensar. Si Tomas le pedía matrimonio, ella no podría negarse, aunque eso significara que su historia con Orión llegaría a su término muy pronto.
Tomas tomó una profunda respiración y la miró a los ojos con determinación, parecía como si toda su timidez se hubiera esfumado.
"He visto a muchos matrimonios concertados antes, muchos son felices, unos pocos no...pero lo cierto es que la mayoría tarda un tiempo en acostumbrarse a su pareja, ya que es una imposición estar con ella. No quiero que sea así para nosotros, no quiero ni siquiera plantear la posibilidad de que me odies por verte obligada a convivir conmigo. Quiero demostrarte quién soy, quién puedo llegar a ser, qué puedo darte, y por supuesto no estoy hablando de terrenos ni dinero...quiero ser el hombre de tu vida y sobretodo, quiero que tu desees que lo sea. Por eso debo preguntarte, ¿me dejarás saltarme las tradiciones y conquistarte antes de que tú y sólo tú seas la que decida cuándo casarte conmigo?"
Sólo se escuchaba el crepitar del fuego, la muchacha no sabía qué decir. Estaba claro que Tomas no era un chico del montón como ella siempre había supuesto. Quería amarla, y que ella le amase de igual modo; le daba igual hacer esperar a sus familias con tal de que Lizzie fuera feliz a su lado. Nadie, jamás, había tenido tal consideración con ella.
Pero antes de que si quiera pudiera expresarle todo el agradecimiento que sentía en su interior, la puerta se abrió de par en par y entraron en la habitación los Rencs.
"¡Tomas, has conseguido encontrar a Lizzie!" dijo Sylvia con gran alivio "temía que te helaras ahí fuera y enfermaras gravemente, gracias al cielo que ambos os encontráis bien"
"Elizabeth, sé que debéis estar aturdida, pero es crucial que hablemos cuanto antes" dijo Matthew
"Por favor padre, apenas se ha recuperado del susto, dejad que entre en calor al menos"
"Beatrice, trae unas mantas y prepara una infusión para la señorita" ordenó Matthew "Lizzie, creo que será mejor que te sientes"
Ella así lo hizo, en cuanto Beatrice salió de la habitación, su futuro suegro comenzó a hablar. Le explicó que su padre y él habían tenido una fuerte discusión y que él había amenazado con sacarla de la vivienda esa misma noche, fue ahí cuando Matthew, temiendo por el bienestar de la muchacha, había rogado a su padre que reconsiderara la idea de marcharse hasta por la mañana, ya que el intenso frío no permitiría avanzar a los caballos la suficiente distancia como para volver a su casa. Tras mucho discutir, su padre aceptó la oferta de permanecer en la casa hasta que el tiempo fuera favorable, no sin antes sacar algún provecho. El señor Rencs tuvo que acordar cederle una de sus propiedades al señor Parker cuando los hijos de ambos contrajeran matrimonio.
"No...no puedo creer que mi padre haya hecho eso"
"Lo sé, Lizzie. Pero haría cualquier cosa con tal de alejarte de sus palabras. Por ahora he comprado un par de noches...es la primera vez que deseo que el tiempo arrecie"
"Matthew, agradezco mucho sus esfuerzos, pero creo que ambos sabemos que tarde o temprano tendré que marcharme"
"Lo sé querida...pero espero que para entonces las cosas sean distintas" dijo, mirando a su hijo con una mirada más que significativa.
"Pienso que todos, especialmente Elizabeth, deberíamos dar la jornada por concluida" dijo Sylvia tras un silencio.
Y así lo hicieron. Cada uno subió las escaleras pensando en sus propios asuntos: Sylvia preocupada por el impacto que la velada hubiera tenido en Lizzie, Matthew en las distintas maneras de convencer al señor Parks de que debía quedarse...y cuánto le costaría, Tomas en que Lizzie no había podido responder su proposición y ésta última se preguntaba si algo de lo acontecido en la última semana era real.
Esta vez Elizabeth no rechazó la ayuda de Beatrice, ella le ayudó con el vestido, le hizo una trenza y se abstuvo de hacer comentarios cuando no pudo devolver el broche a su caja. Justo cuando Lizzie se había tumbado en la cama y cerraba los ojos se escuchó una voz.
"Nací en el Norte de Europa hace millones de años, sólo que por aquel entonces no se conocía como Europa, claro."

martes, 9 de abril de 2013

El portador de estrellas.

Cuarta parte:

Lizzie sentía el corazón en la garganta, no podía hablar ni mucho menos moverse. Nunca nadie había sido tan directo con ella, no es que fuera la primera vez que un chico había tratado de cortejarla, pero normalmente los nobles de los círculos donde se movía solían escribir poemas, dedicar canciones...donde no  se utilizaba siquiera su nombre, sino el de una princesa idílica que, "casualmente", poseía todas las cualidades  físicas de ella. Nunca les había hecho caso, siempre pensó que el hombre que la amara debería ser sincero y directo...y allí estaba Orión, confesándole sus sentimientos con apenas unas palabras.
"Liz, me estás preocupando, lo único que haces es mirarme con unos ojos anormalmente grandes y la boca tan abierta como un pez fuera del agua en busca de aire...¿Liz?"
"Yo...yo...yo..."
Toc, toc
"Señorita Parks, ruego me perdone, sé que pidió expresamente no tener criada pero me envía su padre con un regalo, ¿me permite pasar?"
Fue apenas un segundo, Lizzie miró a la puerta, había escuchado la frase pero su cerebro no había sido capaz de procesarla aún. Cuando volvió la vista hacia donde su acompañante había estado sólo un instante antes, encontró que no quedaba de su paso por la habitación más que la ventana del balcón abierta.
"¿Señorita Parks, puede oírme?"
"Sí, adelante, por favor"
Beatrice, la mujer que Sylvia le había ofrecido para que estuviera a su servicio, entró en la habitación con una cajita que Elizabeth había visto muchas veces en el tocador de su madre, y que siempre le había estado prohibida tocar. La sirvienta la abrió y Lizzie pudo admirar la colección de joyas más impresionante que nunca había contemplado.
"Su padre me ha encargado que la peine y le coloque este broche" dijo mostrándole el que sin duda era el ejemplar más magnífico de la colección.
"¿Está segura? Él nunca me ha permitido..."
"No, nunca te he dejado usarlas" dijo su progenitor desde la puerta "Tu madre, cuando aún estaba embarazada de ti, me hizo prometerle que si su bebé era una niña le daría todas estas joyas cuando su futuro marido la pidiera en matrimonio...parecía como si ya conociera su destino..." su mirada se perdió apenas unos segundos en el infinito.
"Padre...yo..." empezó Elizabeth, pero ¿cómo iba a terminar la frase? ¿siento haber nacido?
"Tranquila, Lizzie. Por supuesto no sabemos con certeza si serás preguntada hoy, pero a tu madre le hubiera gustado que la llevases...y para mi será un placer que la lleves"
"Gra...gracias" dijo Lizzie...era la primera vez que su padre le decía algo así.
"Apresúrate, ya hiciste esperar a los Rencs esta mañana"

Un cuarto de hora más tarde Lizzie bajaba las escaleras, al menos eso era lo que su cuerpo hacía...su mente estaba a miles de kilómetros, sopesando si merecía la pena el trato propuesto por Orión. Al fin y al cabo yo tampoco quiero casarme con Tomas...pero nunca había pensado en retrasarlo intencionadamente...ya sé que mi padre no se pondrá de mi lado, quizá sea hora de actuar por mí misma...y así conocería la historia del portador.
"La señorita Elizabeth Parks" anunció uno de los criados cuando Lizzie hacía su entrada en la habitación. Todos se levantaron rápidamente de sus asientos, para sorpresa de la muchacha por primera vez Tomas la miraba a la cara.
"Elizabeth está usted increíble" la frase salió disparada de los labios del único hijo de los Rencs antes de que pudiese pensarla. Todos le miraron con estupor, pero él sólo tenía ojos para Lizzie.
"Gracias señorito Tomas, me alegro que el vestido que he heredado de mi madre le parezca hermoso"
"No es sólo el vestido, Elizabeth" intervino Sylvia para que su hijo tuviera tiempo de serenarse "de verdad que te envidio en estos momentos, eres una joven muy hermosa"
"¿Qué esperabas? Aún recuerdo a su madre el día que se presentó en sociedad...sin duda una jovencita encantadora, pero siento decir que su hija la supera"
"Por favor, van a hacer que me sonroje" dijo Lizzie, no porque no quisiera más halagos sino por la cara que había puesto su padre ante el último comentario.
"Será mejor que pasemos al comedor" dijo Sylvia "O se nos enfriará la comida"

'Te dije que tu color era el dorado'

Fue apenas un segundo, pero ella juraría que había escuchado la voz de Orión en su cabeza. De todas formas, no tenía demasiado tiempo para pensar en ello, iba a sentarse al lado de Tomas y debía desviar la conversación de cualquier tema relacionado con el matrimonio.
La cena iba avanzando, Matthew y el propio padre de Elizabeth estaban inmersos en una conversación de negocios mientras ella intentaba introducir a Sylvia en cualquier tema de conversación que se planteara entre Tomas y ella.
"¿Puedo hacerle una pregunta, Elizabeth?"
"Por supuesto" dijo ella, no le había dado permiso para que la tratase de tú aún.
"Sé que perdió a su madre al nacer...yo mismo perdí a mi único hermano a una edad temprana...conozco de primera mano el dolor que es perder a alguien cercano, pero me preguntaba, si se me permite, ¿la echa usted de menos? Quiero decir, al no conocerla..." Hubo un silencio sepulcral, todos habían oído la pregunta.
"Per...perdone señorita Parks...no sé por qué se lo he preguntado yo..."
"No, no la echo de menos. Quiero decir, me habría encantado conocerla...y por lo que me ha contado mi padre era una mujer digna de admirar...pero mi verdadera figura materna ha sido Anna, mi criada, ella ha ejercido ese papel desde el horrible día en el que le arrebaté la vida a mi madre" dijo esa última frase usando las palabras de su padre.
"¡Lizzie!" dijo Sylvia con horror
"¿He sido descortés hacia usted de alguna forma, Sylvia?"
"No, no, no, por supuesto que no...lo que quiero decir es...no fue culpa tuya corazón, tú no mataste a tu madre...tan sólo fue un terrible accidente"
"Cierto Elizabeth...pasa todos los días, las mujeres embarazadas saben que corren cierto riesgo al quedarse en estado"
Aquello era nuevo y chocante para Lizzie...en su casa siempre se había relacionado su nacimiento con la muerte de su madre...indirectamente siempre se la había culpado...al menos eso había hecho su padre. Ella lo había asumido y a modo de compensación había intentado ser la mejor hija posible, pero siempre había quedado marcada por ese echo. ¿Era justo que estas personas la tuvieran en tan alta estima cuando ella misma no se apreciaba?
"Yo...yo... discúlpenme" dijo Lizzie, levantándose de la mesa. Cuando salió de la habitación aún se controlaba, pero en cuanto cerró la puerta empezó a correr...y aún más rápido a caer las lágrimas por sus mejillas. Escuchó el grito de su padre llamándola, el lamento de Sylvia, la orden de Matthew de que alguien fuera a buscarla y a Tomas...persiguiéndola. Apenas veía ya cuando cayó en algún lugar del inmenso jardín de los Rencs, hacía un frió terrible que se clavaba como agujas en sus hombros descubiertos, salía vaho de su boca con cada apresurada respiración. Un terrible lamento surgió de lo más profundo de su pecho mientras se arrancaba el broche del pelo, no merecía llevar las joyas de su víctima. Alguien atrapo su cara y alzó su cabeza.
"¿Liz?" ella no respondió, no le veía...sólo veía las millones de veces que su padre le había recriminado matar a su madre "Liz, tenemos poco tiempo, Tomas estará aquí en cualquier momento, si quieres que te esconda de él dímelo...si no te dejaré para que te encuentre, pero estaré cerca." Ella le miró, el chico misterioso, aquel con la mirada de un azul más profundo que el universo...
"La maté, ¿soy un monstruo, verdad?" fue lo único que pudo decir.
"No, Liz, su muerte fue un accidente...tu padre te ha culpado todos estos años porque no quiere admitir que si no hubiera sido por él tu madre seguiría viva"
"¿Qué?, ¿Cómo...?"
"Shhhh" dijo posando un dedo en sus labios "Te lo explicaré todo, lo prometo...Tomas se acerca, debo irme"
"No" dijo ella "Quédate..." era un deseo irracional pero, ¿tenía algo de sentido esa noche?
"Estaré cerca, vigilándote" Y con esto desapareció en las sombras

"¡ELIZABETH!" dijo Tomas, que se acercaba a ella corriendo "menos mal que os encuentro...en casa se ha montado un espectáculo. No me he enterado de mucho pero lo último que oí fue a vuestro padre defendiendo lo que habéis dicho...y ahí a sido cuando mi madre se ha dado cuenta de que él ha sido el que os ha inculcado ese terrible pensamiento. No sé si es buena idea volver ahora mismo, aunque todos están muy preocupados por vos" dijo, poniéndole su chaqueta.
"Gra...Gra...cias" dijo ella, le castañeaban los dientes de frío.
"Por Dios Elizabeth, será mejor que te lleve dentro, da igual el huracán que se está desatando dentro...cuando pienso en lo que te ha estado diciendo tu padre todos estos años..."
"Él...él sólo decía lo que creía"
"No le defiendas Lizzie, apuesto a que te ha hecho sentir como un monstruo"
"¿Có...cómo lo sabes?" preguntó ella, era exactamente la misma palabra que había usado ella.
"Porque cuando mi hermano William murió mi tío me culpó a mi...porque si yo hubiera asegurado la silla del caballo el no hubiera caído y..." trago saliva "Cuando mi padre se enteró, le echó de casa y no permitió que se acercara a mí nunca más. Fueron apenas unos meses pero me destrozó totalmente, no debo de imaginar cómo os sentís vos"
Lizzie se sintió tremendamente reconfortada. Allí estaba Tomas, el chico al que siempre había creído estúpido y tímido hablándole desde el corazón, llevándola a su casa después de haberla perseguido con unas temperaturas heladoras y prestándole su chaqueta para que dejara de temblar.
"Lo siento" dijo ella
"Elizabeth, no debe disculparse por nada de lo que ha pasado esta noche"
"No por eso...todos estos años en fiestas, actos sociales...te había juzgado mal, pensaba que eras alguien abstraído, alguien a quien no merecía la pena conocer...pero aquí estás, demostrándome lo contrario cada segundo que pasa"
"Lizzie..."dijo él usando por primera vez la abreviación de su nombre "No me extraña que pensaras eso de mí...cada vez que te veía cerca no era dueño de mí mismo, no podía concentrarme y nunca tuve el valor para acercarme y hablar contigo. Cuando mi padre me dijo que era hora de ir pensando en el matrimonio le dije que sólo había una chica con la que me gustaría casarme, cuando supo que eras tú me deseó suerte, porque sin duda tú podías escoger a quien quisieras con esa belleza. Pero estoy decidido Lizzie, no me importa que la situación de tu padre no sea la mejor, me dan igual los títulos porque yo ya tengo demasiados...lo único que quiero es tu aprobación" dijo llegando por fin al edificio, a una habitación donde la chimenea estaba encendida y el ambiente era cálido.
"Por eso...aunque no es el mejor de los momentos...quiero hacerte una pregunta"


domingo, 31 de marzo de 2013

El portador de estrellas

Tercera parte
La puerta se abrió poco después de la llegada de los Parks a la casa de Linmond de los Rencs. Los anfitriones se encontraban en lo alto de las imponentes escaleras de mármol. Tras ellos se alzaba la impresionante mansión donde los invitados pasarían en fin de semana. El progenitor de Elizabeth miraba toco aquel esplendor maravillado, no fue consciente de que su hija tenía la mirada perdida y temblaba como una hoja en pleno huracán.
Fue él el primero en bajar del coche, inmediatamente tendió la mano a Lizzie, pero ella era incapaz de reaccionar, pasó un minuto entero antes de que ella oyera la voz de su padre que la llamaba.
"Lizzie, cariño, ¿te encuentras bien?" dijo él con una voz dulce que escondía casi a la perfección un ligero tono de amenaza.
"...Sí...eso creo..." dijo, agarrando con su mano helada la que le estaba tendiendo su padre.
"Elizabeth, quiero que me escuches ahora" dijo su padre, entre dientes que fingían una gran sonrisa a los Rencs "no sé qué te pasa ni por qué estás tan pálida pero ahora debes comportarte y sonreír, no me decepciones"
"Sí, padre"

Y así, expresando una alegría exterior que realmente no sentía, subió la maravillosa y bella Elizabeth Parks la escalera, agarrada fuertemente al brazo de su acompañante. Llegaron por fin frente a frente con sus anfitriones y, tras las protocolarias muestras de respeto, Mathew se dirigió a ella.

"Bueno señorita Parks, espero que esa demora de salir fuera para causar aún más expectación y no por miedo a nosotros" dicho esto la deslumbro con una cálida sonrisa, que la devolvió de nuevo a la Tierra.
"Oh, por favor, llámeme Elizabeth, o Lizzie, así es como me conocen mis amistades más cercanas. Y en cuanto a lo del coche, lamento decir que me quedé dormida con los ojos abiertos, anoche era tanta las ganas de venir aquí y conocerles que apenas dormí, ruego me perdone"
"¿Perdonarte? Tranquila Lizzie, nosotros apenas hemos conseguido caer en los brazos de Morfeo esta noche tampoco. En esta casa no se habla de otra cosa que de tu llegada desde hace semanas, se ha planeado cada detalle, esperamos que todo esté a tu gusto."
"Oh, por favor, no pensé que mi visita precisaría de tanta atención, no era necesario"
"Por supuesto que sí" intervino Sylvia "vas a ser nuestra futura hija, no podemos hacer menos que recibirte como es debido, como si fueras una princesa"
Lizzie tembló ligeramente ante la palabra hija, aquella frase era la evidencia de que ambas familias habían planeado su enlace desde hacía meses y que ambas habían tenido tiempo más que suficiente para hacerse a la idea. ¿Estaría Tomas tan convencido como su madre?
"Y por supuesto ya conoces a nuestro hijo" continuó la señora Rencs "Venga Tomas, no te hemos educado para esconderte de las señoritas"
"Espero que el viaje...fuera de su agrado señori...quiero decir Elizabeth" dijo Tomas, mirándole el cuello en lugar de la cara.
"Tampoco le hemos enseñado a hablar con señoritas tan guapas, me temo" bromeó el señor Rencs, "pero pasemos, es tarde y empieza a anochecer. Charles, Robin, acompañen a nuestros invitados a sus habitaciones para que puedan asearse y cambiarse para la cena"

Habrían pasado dos horas cuando Lizzie terminó de arreglarse. Había preferido declinar el ofrecimiento de los Rencs de tener una criada de la casa a su servicio, estaba tratando de prolongar lo máximo posible el tiempo en el que sería su cuarto durante los dos próximos días antes de bajar de nuevo al comedor y tener que fingir sonrisas y tratar de tener una conversación con Tomas.

"Definitivamente el dorado es tu color"
Lizzie se volvió asustada, estaba sola en aquel cuarto, o eso era lo que ella creía.
"Bueno, ¿te vas a quedar mirando a todos lados o vas a tener la bondad de abrirme la puerta del balcón?"
Entonces fue cuando se dio cuenta que él estaba ahí, el chico tan misterioso del puerto...el portador de estrellas.
Durante un segundo se quedó parada, pero al siguiente ya estaba corriendo al pomo de la cristalera
"¿Qué haces aquí?, ¿cómo me has encontrado?, ¿por qué me persigues?, ¿es cierto lo que pasó el otro día en el puerto?, ¿qué hiciste conmigo después de desmayarme?" las preguntas salían de la boca de Lizzie como un torbellino.
"Eh, eh, eh, tranquila...yo también me alegro de verte de nuevo Elizabeth. Es un placer sentir los buenos modales de las chicas bien educadas" dijo el mientras pasaba y cerraba la puerta "En cuanto a tus preguntas, lo que estoy haciendo es contemplarte a ti y los acontecimientos de esta noche que seguro serán memorables, saltémonos por un momento la de cómo te he encontrado. Te persigo porque te encuentro fascinante y porque..." calló un segundo "en cuanto a lo que pasó el otro día en el puerto, todo depende de lo que recuerdes y después de desmayarte te llevé a casa, sin paradas"
"¿Quién...qué eres?"
"Ya lo sabes, el portador de estrellas"
"Sí pero...quiero saberlo todo...¿cómo una persona, suponiendo que lo seas, puede controlar las estrellas?"
"jajaja, suponiendo que lo seas muy bueno Liz. Te lo contaré todo con una condición"
"¿Liz? mi nombre es Elizabeth Parks"
"Ya, pero es que todo el mundo te llama señorita Elizabeth, Elizabeth o Lizzie...y como yo soy distinto al resto quiero llamarte de forma distinta...de todas formas ¿de verdad te ofrezco el secreto de mi pasado a cambio de una condición y me preguntas por qué abrevio tu nombre? Increíble"
"Esta bien, llámame Liz si te place, pero debes decirme tu nombre"
"Mi nombre se borró de mi memoria hace mucho, pero puedes escoger para mí el nombre que desees"
"Está bien...mmm...te llamaré Orión"
"¿Orión?, ¿como la constelación?"
"¿No es apropiado?" preguntó ella
"Mucho" concedió él
"¿Cuál es tu condición?"
"Te iré contando la historia de mi vida siempre que no te cases con Tomas Rencs, mientras más tiempo consigas esquivar el matrimonio, más sabrás de mí"
"¿Por qué te interesa que no me case con Tomas?"
"¿No es obvio? porque estoy loco por ti"

viernes, 8 de marzo de 2013

El portador de estrellas

Segunda parte:
Lizzie se despertó muy temprano, no le hizo falta abrir los ojos para saber que no era su hora habitual. Fue apenas consciente de que Anna la llevaba al baño, donde la lavó y maquilló sin despegar los labios. Durante todo ese tiempo Lizzie estuvo ensimismada en sus recuerdos de la noche anterior: la conversación con su padre, el golpe en su mejilla (que su sirvienta había conseguido disimular bastante bien), las lágrimas, su desesperada huida, la charla con aquel chico misterioso..."el portador de estrellas" se había autodenominado a sí mismo. Recordaba los últimos momentos de su conversación vagamente, como si de un sueño se tratase.
"Y quizá así fue" se dijo a sí misma. Sin embargo hizo un esfuerzo por rememorar los acontecimientos de la noche anterior. Recordaba el puerto, las burlas del chico sobre su posible trabajo como meretriz del puerto, recordaba su relato sobre Tomas y su padre...un pequeño escalofrío recorrió su espina dorsal de abajo arriba.
"¿Se encuentra bien, señorita?" preguntó Anna.
"¿No te parece un poco hipócrita preguntarme eso después de haberme recogido ayer del suelo y haber maquillado hoy mi cara hinchada?" soltó ella, normalmente habría usado un tono amable con Anna, al fin y al cabo ella había hecho el papel de madre toda su vida.
"Lizzie..." el cepillo paró en seco sobre su pelo.
"Mi nombre es Elizabeth Parks, ¿o deberías llamarme señora Rencs ya? Al fin y al cabo no tengo elección"
Anna no habló, pasó un largo minuto de silencio antes de que Lizzie sintiera una gota cayendo sobre su cabello. Cuando alzó la mirada vio que el rostro de su acompañante estaba totalmente empañado por lágrimas que caían por su rostro como un torrente.
"Anna...yo..." Ni siquiera encontraba las palabras para expresar lo que sentía en aquel momento, se había desahogado con ella, pero había hecho daño a la que era su sirvienta, su madre...y su amiga.
"No se preocupe por mí, señorita Parks, espero que disculpe que no use el apellido Rencs hasta que no esté casada...quiero decir, si es que acepta a Tomas, la ayudaré a vestirse y la dejaré tranquila. A las once vendrá Hugo a buscarla y la ayudará a subir al coche"
"¿Dónde voy?" dijo ella, temiendo que su padre hubiera decidido tras su discusión de ayer llevarla a un internado.
"Ha sido invitada a pasar una velada en la mansión de Linmond de los Rencs, está sólo a una hora de aquí...es mucho más práctico que volver a Rocksfile"
"¿Cuál es el motivo de la velada?"
"Su padre no ha tenido la bondad de comunicármelo señorita, pero supongo que será entonces cuando se produzca"
"¿Cuando se produzca?"
"La pedida de mano.Tomas aún tiene que preguntaros"


El estómago de Lizzie estaba lleno de mariposas mientras subía al coche. Anna la había asustado de verdad, iba a ir a casa de los Rencs, hablar con la encantadora Sylvia Rencs, adorar la impresionante biblioteca de Mathew...y aceptar una condena de por vida atada a Tomas...que no sabría diferenciar un libro de un perro.

"Elizabeth" captó su atención su padre "Imagino que Anna te ha comunicado que hoy es un día importante...conocerás a tus futuros suegros, y puede que Tomas se decida a dar el paso. Espero que no me decepciones con tu respuesta"
"¿Puede que Tomas se decida?...¿es que no es algo definitivo?"
"Por supuesto que sí, Lizzie...sólo que el señorito Rencs es algo...tímido, diría yo"

Lizzie pensó sobre eso un segundo...seguramente Tomas estaba siendo presionado por sus padres para contraer este matrimonio, si no se lo pedía hoy, significaría que él era enormemente tímido, lo que le daría cierta ventaja a la hora de convencer a su padre de que eso era un error. Con esa nueva perspectiva una sonrisa se le dibujó en la cara. Esta noche saldría de dudas y...
"NOCHE" pensó Lizzie, y en un flashback todos los recuerdos de la noche pasada le llegaron de golpe.
"¿El portador de estrelllas?" había preguntado ella
"Sí, hace millones de años fui condenado a colocar todas y cada una de las estrellas del cielo, y a vigilarlas de tal forma que ninguna se precipitase sobre la Tierra" 
"Vale, está claro que estás loco...primero te inventas lo de mi padre y ahora esto"
"¿Crees que te miento?, ¿qué sentido tendría?..."
"No lo sé...¿diversión?, ¿disfrutas riéndote de mí?"
"No señorita Elizabeth, disfruto de muchas cosas de usted, en especial de su visión en ese casi trasparente camisón en esta noche, pero no disfrutaría riéndome de usted...apenas. Dime, ¿has visto alguna vez una estrella fugaz?"
Lizzie se había intentado cubrir tras esa frase, sin embargo respondió, intrigada por su pregunta "Claro, como todo el mundo"
"Pues cada estrella fugaz es un astro perdido...uno que, debido generalmente a un despiste, escapa a mi control...sólo pierdo el control con las cosas bellas, Elizabeth, y tú eres lo más bello que he visto jamás"
Y en el momento que él la miró miles de estrellas fugaces cruzaron el cielo. Lizzie las miró maravillada y horrorizada al mismo tiempo, aquello sólo podía significar que...
"Eres el portador de estrellas" Dijo Lizzie. Lo siguiente que sintió fueron unos brazos soportando su caída ante su desmayo...y haber sido despertada por Anna a la mañana siguiente en su cuarto.

martes, 19 de febrero de 2013

El portador de estrellas

Primera Parte:
El sol hacía tiempo que había empezado a declinar por el horizonte, apenas sus últimos rayos luchaban ya contra la inevitable noche, que amenazaba con alzarse sin luna aquel día de invierno. Elizabeth, o Lizzie como sus conocidos la llamaban, Parks se encontraba sentada en el salón de la casa a la que se habían trasladado al empezar el invierno huyendo del frío de su ciudad natal. Era una joven particularmente bella, no  poseía esa belleza que salta a la vista y llama tanto la atención, pero sí tenía esa chispa de hermosura que atrapa, ya que nadie sabe exactamente de donde proviene, pero no les importaría pasarse la vida averiguándolo, ya que este tipo de atractivo, al contrario que el primero, perdura para siempre. Su padre, un conde empobrecido que siempre había intentado vivir por encima de sus posibilidades, la había llamado a reunirse con él esa tarde, algo no del todo inusual ya que Lizzie era una gran conversadora.

Las siete en punto tocaba el reloj de cuco de la esquina cuando su padre hizo su aparición, Lizzie dejó el libro que hasta entonces había captado su total atención a un lado, la prosa de Jane Austin no era motivo para no mirar a su progenitor. Él la miró, empezando por sus delicados zapatos blancos con un pequeño lazo verde y siguiendo su camino hacia arriba por su impresionante vestido, herencia de su madre, rosa con tiras también esmeraldas para acabar en sus ojos castaños, profundos y cálidos.

"Mi querida Lizzie" comenzó "sabes lo mucho que te quiero y todo lo que hago por ti y que mi deber como padre es procurarte lo mejor, ¿no es cierto?"
"Sí, padre" contesto algo sorprendida por ese comienzo Elizabeth "nunca he dudado de su gran bondad hacia mí"
"Lo sé cariño, eres un ejemplo de hija ideal: eres obediente, inteligente, educada, si tan sólo..."
"si tan sólo no hubieras acabado con la vida de tu madre al nacer serías perfecta" completó Lizzie en su cabeza. Nunca se atrevería a decirlo en voz alta, pero sabía que su padre, a pesar de amarla con locura, aún la culpaba por aquel fatídico incidente.
"Pero bueno, para lo que te he llamado hoy aquí es para decirte que igual de buena hija que eres hoy espero que seas buena esposa"
Aquello sí que la dejó con la boca abierta, su padre nunca le había hablado de matrimonio hasta ahora, de echo, había intentado retrasar su puesta en sociedad cuando tenía doce años.
"Yo también confío en que algún día lo seré" fue todo lo que pudo decir ella.
"Oh, querida mía, estoy hablando de un futuro inmediato. Tomas Rencs, el hijo del marqués Matthew Rencs, me ha pedido tu mano esta misma mañana"
"Pe...pe...pero padre" consiguió arrancar Lizzie, su cabeza estaba hecha un caos en aquel instante "Tomas vive en Rocksfile, eso está a más de 6 días de camino"
"Prueba más que suficiente de su amor por ti, ¿no crees? se presentó aquí temprano, mientras tú paseabas por la playa, lo hizo apropósito ya que no quería que lo vieras por aquí y empezases a sospechar algo"
"¿Sospechar algo?¿Cómo iba a sospechar nada cuando Tomas nunca ha manifestado interés alguno por mí?" soltó ella sin pensar.
"Calma, Lizzie, ya sabes que los Rencs son gente reservada, nunca muestran sus verdaderas intenciones hasta saber que conseguirán sus objetivos"
"Bueno, con usted está claro que ha acertado el momento, pero yo aún no he decidido aceptarle, padre"
"¿CÓMO HAS DICHO?" Bramó el señor Parks "¿Rechazar a un marqués de su calibre?¡Niñata desagradecida! No sabes lo que he tenido que hacer durante todos estos años para que el paleto de Tomas se fijara en ti. Tú, que no eres más que una chiquilla pobre, que sabe más de los libros que de la vida, y que encima no posee belleza, no eres ni la sombra de tu madre"
Elizabeth se quedó paralizada, nunca su padre le había chillado de esa manera "perdóneme padre..."
"Tranquila hija, sé que recapacitarás y..."
"Perdóneme padre, pero no tengo intención de casarme con Tomas Rencs" interrumpió Lizzie. Después de eso todo pasó muy rápido: la mirada furibunda de su padre, la mano alzada que pronto se estrelló contra su cara, su delgado cuerpo cayendo por el suelo, los gritos de su progenitor, que en un principio se dirigían a ella y más tarde alertaban al servicio. Anna entró en la habitación, seguida por Hugo, ambos se la llevaron al salón donde su padre había ordenado curarle las heridas y maquillarla para que nadie, especialmente Tomas si decidía aparecer por allí, pudiese ver los resultados de la animada charla de aquella tarde.

Cuando por fin la dejaron en su habitación sola, empezó a llorar, le llevó una hora serenarse. Cuando por fin comprendió que las lágrimas no la sacarían de su situación, decidió huir. Se vistió con dificultad (ya que esa tarea solía llevarla a cabo Anna) y descendió con mucho cuidado por las enredaderas que llegaban hasta la ventana del que era su cuarto en Portblade. Salió corriendo sin rumbo fijo, no tenía muy claro a dónde ir, a penas conocía un par de caminos en aquel lugar, y todos llevaban a la playa, por lo que se vio obligada a ir allí. El frío era casi palpable, apenas se había puesto una bata encima del camisón y su calor corporal descendía preocupantemente. La luna nueva hacía que la noche fuera particularmente oscura, cuando llegó al muro que delimitaba la zona habitada de las casas se quedó quieta, contemplando la fuerza con la que un mar de tinta golpeaba la arena.

"Buenas noches señorita, ¿se encuentra usted bien?" una voz la sobresalto de sus pensamientos, el mar la había cautivado de tal forma que no se había percatado de la presencia de alguien a su derecha. "Siento haberla asustado, ¿señorita...?"
"Parks, Elizabeth Parks" dijo ella, su padre le había dicho que no hablara con desconocidos, pero tras lo ocurrido esta tarde no se sentía muy fiel a sus enseñanzas.
"Señorita Parks, ¿se encuentra usted bien?"
"Sí, muy bien, gracias por su preocupación" y tras dar su respuesta amable volvió a contemplar el mar, intentando ignorarle.
"Pues no lo parece usted"
"¿Nadie le enseñó nunca a comportarse delante de una dama de mi posición ¿verdad?"
"Bueno, para empezar señorita Parks, no sé que título ostenta, aunque no apostaría muy alto por alguien que llega sola a la playa vestida únicamente con una bata y un camisón, ambos manchados de hierbas. Sin embargo, sea quien sea usted, tiene razón en una cosa, he sido descortés al tratar así a una mujer, le ruego me perdone"
"Está bien" dijo ella, podía haberle recriminado que seguía tratándola mal, pero sólo quería tiempo para pensar dónde ir.
"¿Y bien?" preguntó él.
"¿Y bien qué?" dijo ella, ya enfadada. Aquella, definitivamente, no era su noche.
"Debería decirme su título, si es que quiere que la trate adecuadamente...si no, con todo el pesar del mundo, deberé tomarla por una meretriz más de la zona portuaria"
"¿Meretriz?¿Cómo se atreve? ¡Soy la hija del conde Parks!"
"Oh, sí, he oído hablar de usted. Su padre y usted vienen aquí todos los inviernos y su llegada es comentada por todo el pueblo un par de semanas antes de que se produzca"
"¿De veras?" dijo ella ilusionada
"Yo que usted no me sentiría tan alegre" advirtió él "la gente no se pasa dos semanas hablando de algo tan banal como el regreso de alguien. La mayoría comentan las aficiones que su padre lleva a cabo en un bar de un barrio poco recomendado todos los jueves, o sus paseo por las casas de citas todos los miércoles, o los martes cuando..."
"Basta, mi padre se ausenta de casa por trabajo, es un hombre respetable, nunca lo verían por tales lugares"
"Sí, claro. Y eso te lo ha dicho tu querido progenitor, ¿no es cierto?" pregunto el desconocido.
"Pues sí, pero..."
"Sin embargo, lo más comentado es su última estratagema. Razón por la cual supongo que estás aquí" ella se quedó mirándolo con expresión interrogante "Me refiero, por supuesto, a lo de su matrimonio concertado, señorita Parks"
Ella se quedó anonadada "Tomas Rencs acudió esta mañana a pedir mi mano a mi padre, no ha sido concertado"
"Ya, claro, y no tiene nada que ver con las deudas de juego de su padre, la gran fortuna de los Rencs, y tu indudable belleza que ha atrapado, como lo haría con cualquiera, al pobre Tomas"
"¿Quién se cree que es usted para juzgar a un conde como mi padre o a un futuro marqués como es Tomas Rencs?"
"Yo...soy el portador de estrellas"

jueves, 14 de febrero de 2013

Hermoso e infinito.

Ella estaba sentado al borde del puerto, con los pies colgando hacia el inmenso océano que se extendía en el horizonte, llevaba los ojos pintados y un brillo ligero en los labios que, aunque nunca admitiría, se había puesto por él. Dejó que su mente divagara en su sonrisa, en sus ojos...y no pudo evitar sonrojarse, estaba totalmente loca por ese chico, y él, por alguna extraña razón, la correspondía. El llegó con el inicio del atardecer, como habían acordado, se sentó a su lado y le cogió de la mano, eso ya era un gesto automático para ellos. Durante un momento se quedaron en silencio, contemplando el ocaso.
"¿Sabes una cosa que no entiendo?" pregunto con ella sin apartar los ojos del astro rey.
"Dime" dijo él mirándola.
"¿Por qué los poemas tienen métrica si los sentimientos no se pueden medir?"
"No lo sé...¿sabes otra cosa que no entiendo?" y ésta vez ella se sumergió en sus ojos castaños olvidando por completo la caída del Sol.
"¿Por qué se celebra el día de los enamorados si estás enamorado todos los días? "
"Tampoco lo sé" respondió ella "es un mundo loco...de todas formas...te he escrito un poema"
"Y yo he traído aquí algo para ti...para celebrar San Valentín"
"¿Y qué es?" preguntó ella, ya que ambos habían acordado no hacer nada especial en esa fecha
Él atrajo la mano de ella hacia él, y la colocó sobre su pecho "ya sabes que mi corazón es tuyo, que siempre lo será...pero ser tu novio no me basta, en este día de hoy quiero darte un símbolo de nuestro amor, que es hermoso e infinito" y diciendo esto colocó un anillo con un diminuto zafiro. "Siento que no sea nada más ostentoso, pero nunca una joya destacará si eres tú quien la lleva"
Con las lágrimas a puto de salir de sus ojos "Es perfecto, todos los detalles que tienes conmigo son increíbles..."
"¿Qué hay de tu poema?" dijo él, quitando una lágrima que había conseguido sobrepasar la barreras de los ojos miel de ella.
"Es simple" dijo ella sacando una hoja y entregándosela a él. Aquél papel contenía todos sus sentimientos en una sola palabra, toda la angustia que sentía cuando él no estaba, todo su miedo.

Música  

martes, 5 de febrero de 2013

"Da igual, hace mucho y éramos personas distintas"

"Hola, ¿podrías ayudarme?"
"Claro" Sonrisa "¿Qué quieres?"
"Pues la verdad es que no lo sé..."
"Eso es grave, uno no puede caminar a un objetivo si no tiene uno, como tampoco podría hacerlo sin un faro que le guíe"
"Es que...hay tantas cosas que me gustaría saber...tanto que desearía preguntarte...empezaré por esto, ¿cómo es que tu cara me suena?, ¿hemos coincidido antes?"
"Puede ser, pero no importa que no te acuerdes, hace mucho y éramos personas distintas."
"¿Van a cambiar las cosas?" preguntó la primera llorando.
"Siempre que no sigas haciendo lo mismo, diferentes consecuencias requieren distintos actos"
"Gracias, Elena, me has ayudado mucho"
"De nada Elena, es un placer ser tu futuro"

domingo, 3 de febrero de 2013

Añoranza

Poco a poco desciende la luz hasta que sólo el escenario se mantiene iluminado. Entra el director en un silencio absoluto, los músicos permanencen inmóviles, esperando órdenes.
"Un, dos, tres, y..." y así empiezan las trompetas e instrumentos de percusión, así empieza a surgir un sentimiento en lo más profundo de su pecho que en un principio no supo reconocer...pero a medida que una acumulación crecía en su garganta, que sus ojos se inundaban y unas gotas calientes caían por sus mejillas lo supo. Siguió sentada mientas la obra se desarrollaba, prestando atención incluso a los silencios, porque aquello que sentía no tenía otro nombre que añoranza, estaba llorando no sólo por la belleza del conjunto de instrumentos creando la magia que es la música frente a ella...lloraba porque una parte de ella, que creyó muerta tras dejar a un lado sus instrumentos en favor de sus estudios, se estaba removiendo en su interior, y ya no podía ser ignorada.
*Aplausos*
"¿Estás bien?"
"Sí"
"¿Te hizo llorar?"
"Sí...gracias por recordarme lo bella que es la música...y lo mucho que la echaba de menos"
Y siguieron escuchando el concierto, ella con la nueva certeza de que se reencontraría con la música tarde o temprano.

lunes, 21 de enero de 2013

Compás de dos por cuatro

Y ahí estaban, refugiados en un rincón oscuro, lo más próximos que podían...si hubiera habido alguna forma de fusionarse, ellos la habría llevado a cabo. Porque cada uno era la mitad que le faltaba al otro, porque de alguna forma habían nacido con el corazón equivocado y sólo cuando estaban juntos éstos se sentían felices...aunque a veces latieran a destiempo. Había lágrimas en los ojos de uno, que no tardaron en florecer en los del otro...apenas había luz, pero podían intuirse el uno al otro, si le hubieran preguntado a ella en ese momento, no hubiera podido pensar en un lugar más romántico que aquel sótano.
Entre suspiros se susurraron sus miedos...miedo a equivocarse, miedo a que uno dejara de sentir,...miedo a perder al otro. La sola idea de separarse por una semana rasgaba algo dentro de ellos, pero dejar de verse para siempre...eso era inconcebible, el sólo pensamiento de dejar de estar a su lado la hacia temblar y llorar...tanto como sólo lo había hecho una vez, pero ni mucho menos con tanto sentimiento como en ese instante, no había sensación parecida, no había dolor igualable.

"¿Recuerdas cuando te dije que creía que eras mi media naranja?" dijo ella, él asintió "bueno, pues ya no es una creencia, es una certeza" y le besó, un beso muy dulce a pesar de que sus saladas lágrimas, las de ambos, corrían por sus mejillas.
"Tú eres mi media manzana...¿qué? soy más original que el resto" dijo él, porque esa era su forma de ser, y era una de las cosas que la volvía totalmente loca.
"Tú eres la negra que completa mi compás de dos por cuatro" aseguró ella, pues sabía que para ambos la música era una parte de sus vidas, que él respiraba música y que sería de los pocos que entendería una frase así. 

Y se fundieron en un beso apasionado, donde quedó claro que ambos se pertenecían, y que no había miedo que pudiese romper lo que, a pesar de haber sido construido tan rápido, era tan sólido.


domingo, 13 de enero de 2013

       "Eres como un atardecer de verano, cada día que te veo te quiero volver a ver al día siguiente"

domingo, 6 de enero de 2013

mi más sentido adiós 2012

1 de enero de 2013:
Por primera vez en muchos días no me despierta la claridad, ni el frío, ni los gritos de mi madre diciendo que ya es suficientemente tarde...lo que me saca de los brazos de Morfeo son tus labios contra los míos, que en un principio se mueven mecánicamente, pero a medida que pasan los segundos todo cobra un poco más de forma y bajo del mundo de los sueños para entrar en la realidad que, después de muchos oscuros meses, es aún mejor que cualquier fantasía. 
"Cómo ha cambiado la vida en sólo un año" es un pensamiento que me suelo repetir, ya que lo más interesante que hice la primera mañana del enero pasado fue ver una película. Y es que mi vida empezó a girar a partir de febrero, pero no fue hasta la noche de mi cumpleaños, allá por finales de mayo, cuando realmente se dio la vuelta para, esperemos, nunca volver a su posición original. Mi metamorfosis aletargada durante dos años comenzó entonces, a un ritmo frenético que no creo que mucha gente pudiera soportar sin volverse completamente loco, y es que no se pasa de chica deprimida y sola a desenvolverse como nadie en lo que a la vida social se refiere en poco tiempo, "no se nace mariposa" comentó mi mejor amigo cuando le expresé mis dudas, el primer día de julio, ante tanto cambio.

Dos mil doce, ya desde el principio se planteaba como un año importante en mi vida, dejaría atrás la minoría de edad y me uniría a un mundo de derechos...y sobretodo deberes. Lo que no esperaba es que se planteara como el año en el que tendría que decidir entre quedarme como estaba o cambiar radicalmente y descubrir a una nueva yo (personalidad que sospecho llevaba encerrada en mí mucho tiempo). En cuestión de unas semanas dejé de ser la persona triste a la que todo el mundo parecía haberse acostumbrado a ser alguien terriblemente opuesto. Le dije adiós a mi timidez, seguí los consejos de alguien que tras meses intentándolo, por fin conseguía sacarme de mi atolladero y cambié. Cuando la gente me pregunta suelo decir "todos los cambios son buenos"  y bien es cierto, cuando estás atascado en un callejón sin salida a veces no hay que cambiar de calle...a veces hay que cambiarse a uno mismo. Sin embargo, a pesar de ser recomendables, todas las decisiones en nuestra vida traen consecuencias, tanto buenas como malas. Y es que cuando era una chica deprimida mi única preocupación era no hundirme aún más en mis problemas, tarea difícil, pero que me correspondía solo a mí, por lo que si fracasaba no importaba. Sin embargo, cuando la amistad ya no es suficiente y te complicas la cabeza con el mundo del amor, sufres mucho, por lo que este nuevo ambiente de vida social también me trajo depresiones que eran mucho más fuertes que las de mi etapa anterior. Sin embargo, citando a Paulo Coelho "la hora más oscura es la que viene antes del amanecer" y cuando estás en lo más hondo del pozo más profundo en el que jamás soñaste caer, cuando menos te lo esperas pero más lo necesitas, llega esa cuerda que te saca de nuevo a la superficie...donde el cielo es ahora más hermoso y las estrellas más brillantes.

Por todo eso te doy las gracias 2012, porque has sido el año de mi cambio, el año que me ha permitido ser quien soy en realidad...y te doy la bienvenida 2013, porque a ti sí que te he disfrutado desde el primer segundo, que empezó con un beso, cogida de la mano con la persona amada.

lunes, 3 de diciembre de 2012

¿Cuántos años tienes?

"¿Cuántos años tienes?" le susurró el, con auténtica preocupación, entre beso y beso. Se había vuelto loco por aquella chica que parecía mucho menor que él, pero por mucho que lo había intentado no había logrado huir del calor de sus ojos castaños.
"Un año...tres meses...y dos días" dijo ella, suspirando, cada vez que sus labios se separaban lo suficiente como para articular una sílaba.
"¿Qué?" dijo él haciendo un esfuerzo hercúleo por separarse de ella y mirarla a la cara...pero no a los ojos, eso sería la perdición de su línea de pensamiento...y de todos sus procesos mentales. Ella le agarró el mentón, le hizo alzar la vista y dijo:
"Un año, tres meses y dos días...es el tiempo exacto que he sido feliz desde que tengo memoria...y alguien una vez me dijo que el único tiempo que merece la pena es aquel en el que somos absolutamente felices, en el que en lugar de existir...vivimos, así que si me preguntas mi edad, podría darte un número...pero no simbolizaría nada" explicó ella, el se quedó tan maravillado que sólo pudo besarla de nuevo.



"Un año, tres meses, dos días...y un minuto"

domingo, 18 de noviembre de 2012

No le tengo miedo a la vida.

Abro los ojos y allí estoy, una vez más enredada en la cama de la casa donde pasé gran parte de mi verano...inspiro y por primera vez me doy cuenta de que ya no duele. Salgo de ella, en la mesilla de noche aún está mi diario (cómo no, cubierto de mariposas) que guarda mis secretos y nuestra historia...pero habla en presente cuando en mi mundo ya es pasado

Y sonriendo me voy a la playa, porque no hay que tener miedo a la vida, porque espero no olvidarme de vivir.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Pensamiento sobre la religión

Según el principio de "la masa ni se crea ni se destruye, sólo se transforma" yo, como científica, no puedo creer que de  la nada surja  una partícula que, por alguna razón, cree una explosión a partir de la cual nazca todo un universo. Siempre he creído que tuvo que haber "algo" que accionara la palanca, por lo que no estoy cerrada a la existencia de una (o incluso varias) deidades, sin embargo, en el supuesto caso de que la existencia de una divinidad sea cierta, un dios que nos da la capacidad de sentir placer a la hora de reproducirnos (que es al fin y al cabo el verdadero motivo por el que el ser humano sigue sobre la Tierra), ¿por qué nos martirizaría obligándonos a reprimirlo? Suelo pensar que este dogma de la iglesia surgió tras un período de hambrunas, como método de contención del crecimiento de la población. No es este el único punto en el que estoy en contra de la iglesia, y es que tampoco creo en la existencia de un cielo o un infierno tras la muerte, creo que como todo en la vida, los finales son principios: el final de la noche da lugar al amanecer de un nuevo día, la muerte de un animal proporciona la vida de otro...Así que, ¿por qué es la muerte definitiva? no tendría sentido. Creo en un número infinito de vidas, en las que a veces nos toca ser plantas, otras animales...quizás sólo porque me gusta pensar que mis seres queridos al morir empezarán en otro sitio, con nuevos gustos, nuevas influencias...pero siendo en lo más esencial ellos mismos.

Y si no hay cielo, ¿tiene sentido intentar vivir una vida sin pecados?, y ¿por qué se considera que alguien, por muy bueno que haya sido en su vida, no puede entrar si no está bautizado? conozco crímenes mucho mayores...en mi opinión el fin último de la vida debe ser la felicidad, ya que una vida exenta de ella carece de sentido.